Reconoció su creación en cuanto la vio. Las líneas perfectamente trazadas, cada curva en su sitio, simetría en la figura, rebosante de color y armonía. A simple vista no se apreciaba fallo alguno, era perfecta. Una fachada impecable. No había duda, aquella niña era hija suya.
jueves, 9 de septiembre de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

Bien por el conocedor.
ResponderEliminar