Como cada mañana, los dos volvían a sus trabajos. Él de repartidor y ella de camarera. Pero por las noches era distinto. Cada vez que se encontraban surgía la química que faltaba por el día. Paseaban de la mano a la luz de la luna contándose sus secretos, se besaban interminablemente y dormían juntos sin querer despertar. Lástima que sólo se encontrasen en sueños.
Descansillos
Hace 1 día